En una audiencia ante el Subcomité para el Hemisferio Occidental del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Evan Ellis, profesor e investigador sobre América Latina en el Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de Estados Unidos y asociado senior no residente del Center for Strategic and International Studies (CSIS), advirtió sobre la creciente influencia de la República Popular China (RPC) en América Latina y el Caribe, así como su impacto en los intereses estratégicos de Estados Unidos.
Ellis destacó que las empresas chinas han llevado a cabo más de 678 transacciones públicas en la región, con un valor estimado de 203.400 millones de dólares, mientras que el comercio bilateral con los países latinoamericanos alcanza los 499.600 millones de dólares. Según el analista, este nexo económico ha generado una red de dependencia que limita la disposición de las élites locales a desafiar públicamente al gobierno chino por sus políticas internas y externas.
“La expectativa de beneficios personales y comerciales derivados de la relación con China ha reducido la voluntad de muchos líderes de priorizar sus intereses nacionales cuando estos entran en conflicto con los de Beijing”, afirmó Ellis en su testimonio ante el Senado.
El experto subrayó que la estrategia de la RPC no se limita a la economía. Paralelamente, China ha desarrollado redes de influencia en la región, incluyendo 44 Institutos Confucio, que promueven el idioma y la cultura china, pero que también funcionan como canales para reclutar estudiantes mediante becas financiadas por el gobierno chino.
Asimismo, resaltó la importancia de programas como “Seeds for the Future” de Huawei y los viajes de cortesía organizados para periodistas, académicos, funcionarios judiciales, policías y militares latinoamericanos. Según Ellis, miles de personas han participado en estos viajes financiados por China con el objetivo de fortalecer relaciones favorables y mejorar la imagen del régimen chino entre las élites locales.
En el ámbito mediático, su testimonio señaló que China ha proporcionado contenido gratuito, imágenes y publicidad pagada a medios de comunicación regionales como La Jornada en México y La Tercera en Chile, reforzando su presencia en la opinión pública. También ha establecido vínculos con partidos políticos y organizaciones empresariales a través del Departamento de Enlace Internacional del Partido Comunista Chino, incluyendo caucus parlamentarios pro-China en México y Ecuador.
Ellis también analizó la presencia china en el ecosistema digital regional. Explicó que empresas chinas, especialmente Huawei, han suministrado tecnología y servicios en América Latina desde los años noventa. Actualmente, estas compañías participan en hasta el 60% de la infraestructura de telecomunicaciones del continente. Advirtió sobre los riesgos para la soberanía tecnológica y la seguridad de la propiedad intelectual, especialmente en relación con las leyes de seguridad nacional y ciberseguridad adoptadas por China en 2017 y 2019, que obligan a las empresas chinas a compartir datos con su gobierno.
En México, Huawei es un actor clave en el sector de servicios en la nube, proporcionando soluciones digitales a empresas privadas y entidades gubernamentales, como la Oficina de la Presidencia y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, mediante acuerdos con Telmex y el Grupo Carso.
Ellis vinculó la estrategia de la RPC en América Latina con el fortalecimiento de gobiernos autoritarios en la región. Señaló que China ha canalizado más de 60.000 millones de dólares en préstamos a los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, y 13.000 millones al gobierno de Rafael Correa en Ecuador, a cambio de recursos naturales y contratos para empresas chinas.
También denunció que empresas chinas han suministrado tecnología de control social y represión. En Venezuela, China proporcionó el sistema de la “Tarjeta de la Patria”, que permite al gobierno controlar el acceso a alimentos y servicios. Además, vendió vehículos blindados VN-1, cámaras de reconocimiento facial y otros sistemas empleados para vigilar a opositores. En Cuba, la infraestructura de telecomunicaciones contratada con empresas chinas permitió al régimen cortar comunicaciones entre manifestantes durante las protestas de julio de 2021 y aislar al país del exterior.
Finalmente, el investigador alertó sobre los riesgos en caso de un conflicto entre Estados Unidos y China, especialmente en relación con Taiwán. Según Ellis, la creciente presencia económica y tecnológica de la RPC brinda al Ejército Popular de Liberación (EPL) capacidades para interferir en despliegues militares estadounidenses en la región sin necesidad de bases formales. También mencionó la existencia de instalaciones de inteligencia chinas en Bejucal, Cuba, y la posibilidad de que infraestructuras comerciales en México, América Central y el Caribe sean utilizadas para actividades de espionaje o sabotaje.
Advirtió sobre el riesgo de que agentes del EPL hayan ingresado encubiertamente a Estados Unidos entre los más de 30.000 migrantes chinos indocumentados estimados en 2024, con el propósito de ejecutar acciones de sabotaje en caso de conflicto armado.
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