Hubo un tiempo en el que llevar la personalización de un móvil Android al extremo no solo era posible, sino que también era tendencia. Las Custom ROMs vivieron su auge, con comunidades vibrantes en foros como HTCmania y XDA Developers, que se convirtieron en auténticas biblias del «cacharreo».
Sin embargo, la evolución del sistema operativo, las restricciones impuestas por los fabricantes y la creciente presencia de MediaTek—con sus problemas de compatibilidad con drivers—acabaron transformando aquel paraíso en un terreno árido.
La era dorada del modding
El auge de las Custom ROMs nos transporta a los años 2010-2015, cuando la comunidad de desarrolladores y entusiastas se volcaba en modificar sus dispositivos. Aunque siempre fue un nicho, CyanogenMOD, la ROM más popular de la época, logró superar el millón de usuarios, una cifra impresionante para un producto tan especializado, pero minúscula en comparación con la base total de usuarios de Android.
Nombres que marcaron una generación
Para quienes vivieron aquellos años, ciertos nombres siguen despertando nostalgia: AOKP (Android Open Kang Project), Resurrection Remix, Paranoid Android, CarbonROM, Dirty Unicorns… Todas ellas compartían una base en el código AOSP de Android, ofreciendo distintos niveles de personalización, algunas incluso llevándolo al extremo.
Más adelante, con la llegada de los Google Pixel, surgió Pixel Experience, una ROM que trasladaba la experiencia de los Pixel a otros dispositivos con un extra de personalización. Durante años, esta opción fue clave para quienes querían disfrutar del software de Google sin limitaciones.
El principio del fin
Poco a poco, los proyectos comenzaron a desaparecer. AOKP cesó en 2018, Resurrection Remix dejó de actualizarse en 2020, Dirty Unicorns apagó sus servidores en 2021 y, en 2023, Pixel Experience también llegó a su fin.
Una de las pocas sobrevivientes es LineageOS, la sucesora de CyanogenMOD, que aún ofrece soporte para dispositivos sin actualizaciones oficiales, brindándoles una segunda vida.
El declive era inevitable
Durante años, cambiar de ROM ofrecía dos grandes ventajas. La primera era acceder a las últimas versiones de Android antes de que los fabricantes las liberaran (si es que lo hacían). Pero esto ha perdido relevancia: las nuevas versiones del sistema llegan con cambios cada vez más sutiles, y pasar de Android 13 a 14 o 15 ya no supone una diferencia significativa.
La segunda ventaja era la personalización, pero hoy en día los fabricantes han evolucionado en este aspecto. Si bien hay ROMs de dudosa calidad (sin dar nombres, se sabe), también existen marcas que han logrado ofrecer experiencias de software optimizadas y con soporte de primer nivel.
Por último, las bibliotecas y APIs propietarias de los fabricantes han cobrado mayor importancia. Elementos como la optimización de las cámaras a través de las NPUs, la integración nativa de IA y otras funciones avanzadas dependen de código cerrado, lo que limita seriamente las capacidades de las Custom ROMs al operar sobre kernels genéricos.
En definitiva, todo apuntaba a un desenlace inevitable: el fin de las Custom ROMs.
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